Proteína

Reconstruyen una proteína «fósil» que protege a las bacterias actuales de los virus

Tras introducir versiones ancestrales de la proteína tiorredoxina en E. coli mediante ingeniería genética, comprueban que protege a la bacteria frente infecciones del bacteriófago T7.


Así concluye un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada y publicado en la revista Cell Reports. El avance podría aplicarse en el campo de la bioingeniería de plantas para modificar genéticamente especies y hacerlas resistentes a determinados virus que causan pérdidas devastadoras en las cosechas. La mejora sería de gran utilidad sobre todo en países en los que la subsistencia depende de un cultivo concreto, como el arroz, el trigo, la yuca o el plátano, y en los que una infección vírica puede tener consecuencias desastrosas para la población.

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¿Por qué el código genético está limitado a 20 aminoácidos?


La razón se halla en la estructura de los ARN de transferencia y conocerla puede ser de gran utilidad en el campo de la biología sintética.
Un estudio demuestra que el código genético evolucionó hasta incluir un máximo de 20 aminoácidos por una limitación funcional de los ARN de transferencia, las moléculas que traducen la información que contienen los genes al lenguaje de las proteínas. El trabajo, liderado por el investigador Lluís Ribas de Pouplana, del Instituto de Investigación Biomédica de Barcelona, ha sido publicado hace unos días en la revista Science Advances.

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Así funciona la memoria de las plantas

Los priones como los de las ‘vacas locas’ tienen un papel esencial para registrar las condiciones ambientales a largo plazo, y regular la floración en la descendencia.

Se dieron a conocer como los agentes infecciosos de las vacas locas, pero los priones se han revelado después como unos componentes esenciales de todo tipo de células, y con unas propiedades evolutivas bien singulares: encarnan una especie de memoria de las condiciones ambientales que se transmite entre generaciones sin necesidad de implicar a los genes. Son pura proteína. El equipo de Susan Lindquist, una de las mayores expertas en estos asombrosos agentes biológicos, los ha descubierto ahora en las plantas, y en plena acción: guardando la memoria del frío en las flores de la descendencia.

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