CIENTÍFICOS

Anfinsen y la arquitectura de las proteínas

 

Si cada una de las proteínas que conforma a los seres vivos fuera una figura de origami, las instrucciones para su plegado en tres dimensiones habría que buscarlas en su secuencia de aminoácidos. La primera prueba de este principio científico, que ya forma parte de todos los libros de texto de Biología, la aportó en 1961 un bioquímico norteamericano llamado Christian B. Anfinsen (1916-1995), un descendiente de inmigrantes noruegos que trabajaba en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, y que años después se haría con un Nobel.

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Marie Curie: una energía inagotable


El siglo XIX tenía reservada una última sorpresa para la ciencia. Físicos y químicos por fin estaban cómodos con sus leyes básicas, que podían explicar cualquier cosa hasta que en 1896 el francés Becquerel descubrió por casualidad un fenómeno totalmente nuevo. Se dejó en un cajón un paquete de sales de uranio, encima de un rollo de placa fotográfica, y días después comprobó que la placa estaba oscurecida como si le hubiera dado la luz; así que pensó que esas sales emitían unos rayos penetrantes, que eran capaces de atravesar metales. Sin embargo, Becquerel perdió interés en el tema y se lo pasó a una estudiante polaca que no tenía muy claro sobre qué hacer la tesis doctoral. Ella, Marie Curie, investigó mucho más a fondo esas piedrecillas que emitían constantemente tanta energía y parecían no consumirse, y bautizó aquello como radiactividad.

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