LA EVOLUCIÓN BIOLÓGICA

Temas relacionados con la evolución

Hallada vida en el lugar más infernal de la Tierra

Un equipo científico encuentra extraños microbios viviendo en el desierto de Etiopía, uno de los puntos más cálidos y bajos del planeta.

Un equipo de científicos ha encontrado vida en uno de los desiertos más hostiles de la Tierra, la depresión del Danakil, en Etiopía. En este antiguo fondo marino, algunas de cuyas zonas están a 150 metros por debajo del nivel del mar, se alcanzan temperaturas de unos 50 grados centígrados. La corteza terrestre es en este punto extremadamente delgada, apenas 15 kilómetros, y bajo ella se encuentra una enorme piscina de lava ardiente. El agua del mar se cuela por el subsuelo y produce un espectacular paisaje de piscinas y chimeneas termales de agua que brota a más de 100 grados y tiñe la tierra con colores espectaculares debido a los minerales y metales presentes en el terreno.

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Artículo en “Scientific reports”

Nueva especie, viejo misterio

En el árbol evolutivo humano aparece una nueva rama ya extinta, como todas las demás que compartieron el planeta con nosotros.

Para un paleontólogo del siglo XX, el santo grial era hallar el “eslabón perdido”. La teoría dominante era que la evolución humana dibujaba un ascenso lineal desde nuestros humildes ancestros simiescos, alzándose paso a paso hasta adquirir la posición erguida y la palabra articulada que nos caracteriza ahora. Se conocían algunos pasos intermedios –neandertales, Homo erectus, australopitecos— y solo quedaba rellenar los huecos: los eslabones perdidos de una cadena larga y monótona. Pero la evolución rara vez funciona así. Suele tener la forma de un árbol, y el nuevo Homo luzonensis es la última rama que lo pone en evidencia. Una rama ya extinta, como todas las demás que, hasta hace unos 50.000 años, compartieron el planeta con nosotros, los Homo sapiens.

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Regreso a Pangea

Los modelos predicen que todos los continentes volverán a reunirse en 200 millones de años. Los efectos en la evolución serán formidables.

La fragmentación de Pangea ha sido un vector esencial de la evolución de los animales, y su reunificación en el futuro lejano lo será igualmente. Con los datos paleontológicos en la mano, es sumamente improbable que los humanos sigamos aquí dentro de 200 millones de años –las especies marinas más longevas nunca han pasado de los cinco millones de años—, pero es muy posible que la vida terráquea aguante incluso nuestras agresiones más disparatadas y siga medrando. E incluso que una especie más inteligente que la nuestra haya heredado el mundo. Lee en Materia cómo será la Tierra cuando se forme el siguiente supercontinente, que probablemente se llamará Novopangea, si es que todavía hay alguien ahí que pueda ponerle un nombre. Incluso si no es así, los efectos de la geología sobre la evolución serán enormes, como ya lo han sido en el pasado.

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¿Cuán predecible es la evolución?

Tal vez sea imposible vaticinar qué especies heredarán la Tierra tras nuestra extinción. O tal vez no.

¿Cuán predecible es la evolución? Esa es la cuestión que aborda un estimulante artículo de Luc Bussiere en Materia, aunque disfrazada con las ropas de un enigma con mucho más gancho: ¿Qué especies dominarían la Tierra si los humanos nos extinguiéramos? Aunque no parezcan, las dos preguntas son la misma, y por tanto tienen la misma respuesta: no tenemos ni idea. Pero la función de una pregunta no es tanto descubrir una respuesta luminosa como plantear mil recorridos interesantes mientras uno lo intenta y, en este sentido, la propuesta de Bussiere ha sido un éxito.

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Un nuevo modelo apoya la idea más polémica de cómo funciona la evolución

Un nuevo modelo apoya la idea más polémica de cómo funciona la evolución.


Hace ya más de cuarenta años, en 1972, el paleontólogo Stephen Jay Gould y su colega Niles Eldredge propusieron una idea revolucionaria sobre el modo en que funciona la evolución. Y al hacerlo provocaron un incendio de enormes proporciones entre defensores y detractores de la teoría propuesta por Darwin y Wallace más de un siglo antes.

Ahora, un nuevo trabajo, llevado a cabo por Michael Landis y Joshua Schraiber, de la Temple University, en Pennsylvania, ha reavivado ese fuego, añadiéndole mucha más leña.

Lo que Gould y Eldredge trataban de hacer a principios de los setenta era explicar uno de los puntos más controvertidos de las teorías evolutivas: la falta de “fósiles de transición”. De hecho, apenas existen ejemplos en el registro fósil de criaturas que representen una fase intermedia entre las antiguas especies y las modernas en las que evolucionaron. Para los dos investigadores, sin embargo, esa ausencia de fósiles intermedios no era más que una ilusión.

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