FISIOLOGÍA

Neurocosas capítulo 5: El cerebro reptiliano

En este vídeo vamos a tratar el término del cerebro reptiliano y su significado en la neuroevolución.

Cuando hablamos del cerebro humano, es importante tener en cuenta que no es algo que se haya construido desde cero, sino que surgió a partir de los cerebros que tenían nuestros antecesores: los primeros mamíferos, y el cerebro de estos ratoncillos tampoco se hizo de cero, sino que heredó algunos rasgos y desechó otros del cerebro de sus antecesores, que ya no eran mamíferos. Durante la evolución los cerebros de los distintos animales han ido cambiando según las necesidades del organismo: por ejemplo nosotros hemos ampliado mucho el córtex cerebral, pero también conservamos estructuras básicas de funcionamiento cerebral; estructuras que ya estaban presentes en los cerebros de nuestros antecesores. A todas estas estructuras que están en nuestro cerebro y que se han conservado durante milenios en los cerebros de nuestros antecesores animales se les suele llamar “el cerebro reptiliano”. Según este concepto, nosotros tendríamos un cerebro “no reptiliano” que sería todo este enorme córtex que tenemos y el resto, que ya estaban de un modo muy similar en nuestros antecesores, sería el cerebro reptiliano. Lo que ocurre es que “cerebro reptiliano” es un término que en mi opinión da a confusión. En primer lugar porque no significa que tengamos estructuras de reptil dentro del cráneo, sino que tenemos estructuras que se han conservado en muchas especies a lo largo de la evolución. Y en segundo lugar porque estos animales primigenios donde se generaron estas estructuras no eran reptiles, sino un antecesor de tanto reptiles como pájaros o los mamíferos. Y es que durante la evolución, tanto nuestro cerebro como el de los reptiles lo que han hecho es evolucionar en paralelo por distintas vías según las necesidades de cada especie.

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Neurocosas capítulo 4: ¿Podemos vivir sin dolor?

En este vídeo se habla del sentido del dolor, también llamado nocicepción, y se explica su función en nuestro cuerpo.

Pero lo primero es entender cómo se activa el dolor. En todos nuestros tejidos tenemos unos receptores nerviosos que se activan ante determinados estímulos como cambios bruscos de presión (golpes), de temperatura (quemaduras), ciertas sustancias y en definitiva cualquier cosa que sea potencialmente dañino para nuestras células. La activación de estos nociceptores produce una señal nerviosa que llega hasta las áreas cerebrales encargadas de gestionar la nocicepción: cuando se activan estas áreas es cuando sentimos dolor.

Esto ocurre en la mayoría de los casos, pero también existe una enfermedad rara llamada insensibilidad congénita al dolor (de la cual están documentados alrededor de 50 casos), en la que las señales nerviosas de los nociceptores no llegan adecuadamente al cerebro, no activan las áreas cerebrales encargadas de la nocicepción, y como consecuencia esta gente es incapaz de sentir el dolor. Y por este defecto los pacientes tienen una calidad de vida menor que la gente que siente el dolor, ¿por qué?

Pues porque el dolor tiene una función protectora clave en nuestra supervivencia. Y estos pacientes ya de niños se generan lesiones al autoexplorarse las heridas, o morderse labios/uñas hasta generarse heridas; e incluso cuando son adultos tienen grandes problemas para darse cuenta si se han quemado, golpeado, etc. Por lo que han de tener cuidado con las actividades que hacen. Y del mismo modo, es más difícil que se den cuenta cuando algo no está funcionando correctamente en su organismo ya que una de las principales señales de alarma que tenemos es el dolor.

Neurocosas capítulo 2: ¿Para qué sirven las células gliales?

En este capítulo rescataremos a las grandes desconocidas del cerebro: las células gliales. Hablaremos sobre los distintos tipos de células gliales y sobre qué tareas vitales desempeñan en nuestro cerebro.

  • La microglía: células que tienen como función principal realizar las funciones del sistema inmune en el cerebro.
  • La macroglía: grupo de células gliales que a su vez puede dividirse en la astroglía, que se ocupa del mantenimiento de las neuronas, y los oligodendrocitos y las células de Schawnn, cuya función es mejorar la conductividad de los axones en el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico respectivamente.

Grupo por grupo se desentraña el papel de estas células para dejar claro que, aunque no sean las más populares de la neurociencia, las células gliales son vitales para nuestra supervivencia.

El origen de la fotosíntesis y la respiración aeróbica

Hace unos 2600 millones de años, las cianobacterias adquirieron la capacidad de producir oxígeno a través de la fotosíntesis al incorporar genes de otros organismos.

La aparición del oxígeno en la atmósfera terrestre, hace 2300 millones de años se debió a las cianobacterias (antiguamente conocidas como algas verdeazuladas), lo que alteró profundamente el curso de la evolución al facilitar el desarrollo de la respiración aeróbica y la vida multicelular compleja. Había otros organismos con la capacidad de fotosintetizar, es decir, de producir materia orgánica mediante el uso de la luz solar, pero solo las cianobacterias poseían la maquinaria específica que permitía generar oxígeno, lo que se conoce como fotosíntesis oxigénica.

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