EVOLUCIÓN

Regreso a Pangea

Los modelos predicen que todos los continentes volverán a reunirse en 200 millones de años. Los efectos en la evolución serán formidables.

La fragmentación de Pangea ha sido un vector esencial de la evolución de los animales, y su reunificación en el futuro lejano lo será igualmente. Con los datos paleontológicos en la mano, es sumamente improbable que los humanos sigamos aquí dentro de 200 millones de años –las especies marinas más longevas nunca han pasado de los cinco millones de años—, pero es muy posible que la vida terráquea aguante incluso nuestras agresiones más disparatadas y siga medrando. E incluso que una especie más inteligente que la nuestra haya heredado el mundo. Lee en Materia cómo será la Tierra cuando se forme el siguiente supercontinente, que probablemente se llamará Novopangea, si es que todavía hay alguien ahí que pueda ponerle un nombre. Incluso si no es así, los efectos de la geología sobre la evolución serán enormes, como ya lo han sido en el pasado.

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¿De dónde recibió la información genética el primer ser vivo de la Tierra?

Entre los científicos que se dedican a estudiar el origen de la vida hay un gran consenso sobre que el primer material genético probablemente fue el ARN

Es importante empezar diciendo que lo que voy a responder es en parte especulación porque, aunque hay muchas evidencias que indican que pudo ser así, no podemos tener una certeza total sobre cómo fue el camino recorrido por la vida en épocas tan remotas como hace 3.850 millones de años. Y lo que está claro es que no podemos volver a ese momento para ver qué sucedió realmente.

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¿Cuán predecible es la evolución?

Tal vez sea imposible vaticinar qué especies heredarán la Tierra tras nuestra extinción. O tal vez no.

¿Cuán predecible es la evolución? Esa es la cuestión que aborda un estimulante artículo de Luc Bussiere en Materia, aunque disfrazada con las ropas de un enigma con mucho más gancho: ¿Qué especies dominarían la Tierra si los humanos nos extinguiéramos? Aunque no parezcan, las dos preguntas son la misma, y por tanto tienen la misma respuesta: no tenemos ni idea. Pero la función de una pregunta no es tanto descubrir una respuesta luminosa como plantear mil recorridos interesantes mientras uno lo intenta y, en este sentido, la propuesta de Bussiere ha sido un éxito.

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¿Qué especies dominarían la Tierra si los humanos nos extinguiéramos?

Ni la prevalencia ni la abundancia ni la diversidad son esenciales para ser la forma de vida dominante.

En un futuro postapocalíptico, ¿qué pasaría con la vida si los humanos desapareciéramos? Al fin y al cabo, es probable que la especie humana se extinga mucho antes de que el sol se convierta en una gigantesca bola roja y acabe con todos los seres vivos sobre la faz de la Tierra.

Suponiendo que no acabemos antes con los demás seres vivos (algo poco probable a pesar de nuestra tendencia a hacer desaparecer especies), la historia nos dice que habrá cambios fundamentales una vez que los humanos dejemos de ser la especie animal dominante del planeta.

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La célula y su funcionamiento

  1. ¿Qué fue lo primero que llamó la atención a los biólogos que estudiaban las células procariotas?
  2. ¿Qué restos de organismos se encontraron en rocas de más de 3 500 millones de años en Australia?
  3. ¿Cuándo empezaron a aparecer organismos más complejos que las bacterias?
  4. ¿Cuándo aparecen las primeras células eucariotas?

Un nuevo modelo apoya la idea más polémica de cómo funciona la evolución

Un nuevo modelo apoya la idea más polémica de cómo funciona la evolución.


Hace ya más de cuarenta años, en 1972, el paleontólogo Stephen Jay Gould y su colega Niles Eldredge propusieron una idea revolucionaria sobre el modo en que funciona la evolución. Y al hacerlo provocaron un incendio de enormes proporciones entre defensores y detractores de la teoría propuesta por Darwin y Wallace más de un siglo antes.

Ahora, un nuevo trabajo, llevado a cabo por Michael Landis y Joshua Schraiber, de la Temple University, en Pennsylvania, ha reavivado ese fuego, añadiéndole mucha más leña.

Lo que Gould y Eldredge trataban de hacer a principios de los setenta era explicar uno de los puntos más controvertidos de las teorías evolutivas: la falta de “fósiles de transición”. De hecho, apenas existen ejemplos en el registro fósil de criaturas que representen una fase intermedia entre las antiguas especies y las modernas en las que evolucionaron. Para los dos investigadores, sin embargo, esa ausencia de fósiles intermedios no era más que una ilusión.

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