CIENTÍFICOS

“Si he logrado ver más lejos, ha sido porque he subido a hombros de gigantes”
Isaac Newton

Marie Curie, un ejemplo de compromiso y coraje

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Marie Curie, un ejemplo de compromiso y coraje. AUDIO

María Sklodowska Curie, o Marie Curie, es una de las científicas más relevantes de la Historia. Pero, además, fue una mujer que abrió camino: se convirtió en la primera persona en recibir dos Premios Nobel, la primera mujer catedrática de la Sorbona y, también, la primera extranjera en ser enterrada en el Panteón de los Hombres Ilustres de Francia.

Su descubrimiento del polonio y del radio junto a su marido, el físico Pierre Curie, la catapultó a la élite científica mundial. Pero Madame Curie destacó, sobre todo, por el ejemplo que nos dejó: su honestidad, su coraje y su valentía, la definen. Una pequeña mujer con voluntad de hierro que no se doblegó ante los contratiempos, ni se dejó arrullar por los halagos.

Marie no tuvo una vida fácil, logró grandes hitos, pero pagó un alto precio por ello. Nace en 1867 en una Polonia ocupada. Con 10 años tiene que afrontar la muerte de su hermana mayor y de su madre. Para poder estudiar, trabaja como institutriz. Logra llegar a París y estudiar dos carreras, Físicas y Matemáticas, pero a costa de grandes sacrificios y con pocos medios, hasta el punto de que, a veces, se desmaya en las clases.

Con 27 años conoce a Pierre Curie, se casan, y juntos inician la aventura científica que les llevará al descubrimiento del polonio y del radio y a la consecución del Premio Nobel de Física.

Cuando su vida está encarrilada, Pierre muere en accidente. A pesar de la profunda tristeza que sufre, emerge una nueva Marie; la mujer que tiene que sacar adelante a sus dos hijas pequeñas y que lucha para tener un sitio en el mundo de la Ciencia. Ahí logra otro éxito: la Sorbona aprueba que dirija la cátedra de Física de su marido. Se convierte en la primera mujer catedrática.

Pero su vida sufre otra fuerte convulsión cuando es acusada de mantener una relación sentimental con un hombre casado, con el profesor Langevin. Esto le costará una campaña de difamación que sólo cesará cuando estalla la Primera Guerra Mundial. Aquí volverá a emerger la Marie comprometida y humanitaria. Crea un servicio de unidades móviles con rayos X que lleva al frente.

Tras la guerra, Marie, con dos Nobel en su haber y directora del Pabellón Curie en el Instituto del Radio, empieza a viajar por el mundo. Se convierte en una embajadora de la Ciencia. Entre otros países visita España en tres ocasiones. Además, es nombrada miembro de la Sociedad de Naciones.

Con 67 años fallece después de sufrir durante décadas los efectos nocivos de la radiactividad, pero su obra perdura hasta hoy.

Mamen del Cerro se acerca a su vida y a su legado con la presencia de Belén Yuste y Sonnia Rivas Caballero, grandes conocedoras de la vida de Marie, autoras del libro “Ella misma” y comisarias de la Exposición sobre Mujeres Nobel. El catedrático de Historia de la Ciencia, José Manuel Sánchez Ron, nos ayuda a comprender la grandeza de los descubrimientos de los Curie. Además, contamos con el testimonio de su nieto, Pierre Joliot Curie, y con las reflexiones que la propia Marie y sus hijas, Iréne y Eva, hicieron en sendas biografías.

 

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La mujer que mereció ganar el Nobel junto a Severo Ochoa

El autor recuerda la figura de Marianne Grunberg-Manago, que firmó como primera autora los artículos que publicaban el descubrimiento que llevó al Nobel del investigador hispanoestadounidense

En la novela Exilios y Odiseas: la historia secreta de Severo Ochoa, analizo dos aspectos polémicos del Premio Nobel: los errores en la selección de los candidatos y el sexismo. La historia de la ciencia podría ser la historia del conocimiento y del intelecto como productor y consumidor de ciencia, y esa historia podríamos relatarla sin necesidad de mencionar un solo científico. Una afirmación exagerada, pero en los tiempos de Severo Ochoa el progreso se narró casi sin nombrar científicas, que fueron víctimas del efecto Matilda. Como recordamos, este fenómeno, descrito por Rossiter, consiste en la falta de reconocimiento del trabajo científico de las mujeres, y el desvío de los créditos hacia sus colegas varones. Durante los primeros 85 años del Nobel de Medicina, el efecto Matildamarcó la selección de los laureados: de los 144 premiados solo cuatro fueron mujeres.

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Grandes científicas en la sombra

La discriminación de género, la competitividad, el respeto a las jerarquías y el peso del conocimiento científico establecido jugaron en contra de las ideas revolucionarias de estas mujeres pioneras. El caso de Rosalind Franklin, marginada del descubrimiento de la estructura del ADN, no es único. Este recorrido por la ciencia del siglo XX revela grandes descubrimientos realizados por mujeres, cuyos méritos no fueron reconocidos en su momento:

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Anfinsen y la arquitectura de las proteínas

 

Si cada una de las proteínas que conforma a los seres vivos fuera una figura de origami, las instrucciones para su plegado en tres dimensiones habría que buscarlas en su secuencia de aminoácidos. La primera prueba de este principio científico, que ya forma parte de todos los libros de texto de Biología, la aportó en 1961 un bioquímico norteamericano llamado Christian B. Anfinsen (1916-1995), un descendiente de inmigrantes noruegos que trabajaba en los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos, y que años después se haría con un Nobel.

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Antoni van Leeuwenhoek, de vendedor de telas sin estudios a «padre» de la microbiología

El joven comerciante holandés revolucionó la ciencia y mejoró los microscopios.

En pleno siglo XVII, hace 384 años, nació un hombre en Holanda que compaginaría su vida de comerciante de telas con el estudio y la mejora de los microscopios. Antoni Van Leeuwenhoek fue despreciado por su origen humilde y por no tener estudios. Sin embargo, siglos después, es considerado el precursor de la biología experimental, la celular y la microbiología. Hoy, 24 de octubre, se conmemora el aniversario de su nacimiento.

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Antoni van Leeuwenhoek, el primer microbiólogo


El científico holandés creó sus propias lentes para desentrañar los misterios de los seres vivos.

Antoni van Leeuwenhoek (Delft, 1632-1723) inició en el siglo XVII el camino de la microbiología. Hijo de comerciantes, siguió la tradición familiar hasta que con poco más de 20 años descubre un rudimentario microscopio, de una sola lente con capacidad de ampliación de tres aumentos, que era utilizada por los vendedores de telas. En paralelo a su actividad comercial, desarrolló una importante actividad en la creación de microscopios. Hoy, 24 de octubre, se conmemora el aniversario de su nacimiento con un doodle de Google.

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Watson, Crick y la doble hélice de ADN


Varios investigadores, durante muchos años, habían descubierto que, en el núcleo de nuestras células, había una sustancia llamada ADN que contenía toda nuestra información genética, y que estaba hecha de cuatro compuestos: adenina, timina, citosina y guanina. ¿Cómo era posible que el libro de la vida estuviera escrito solo con 4 letras?

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