BIOLOGÍA 2º BTO.

Recursos para la asignatura de “Biología” 2º BTO.

Neurocosas capítulo 2: ¿Para qué sirven las células gliales?

En este capítulo rescataremos a las grandes desconocidas del cerebro: las células gliales. Hablaremos sobre los distintos tipos de células gliales y sobre qué tareas vitales desempeñan en nuestro cerebro.

  • La microglía: células que tienen como función principal realizar las funciones del sistema inmune en el cerebro.
  • La macroglía: grupo de células gliales que a su vez puede dividirse en la astroglía, que se ocupa del mantenimiento de las neuronas, y los oligodendrocitos y las células de Schawnn, cuya función es mejorar la conductividad de los axones en el sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico respectivamente.

Grupo por grupo se desentraña el papel de estas células para dejar claro que, aunque no sean las más populares de la neurociencia, las células gliales son vitales para nuestra supervivencia.

Descubren que el agua no es un líquido, sino dos

Tiene dos fases líquidas con diferentes densidades y estructuras a bajas temperaturas

Para los que vivimos en el primer mundo, el agua es algo tan cotidiano que la obtenemos con solo abrir un grifo, pero ese líquido que nos resulta tan vulgar y corriente (claro como el agua, decimos) es mucho más complejo de lo que creemos. Muchas de sus propiedades son bastante extrañas. De hecho, se comporta de manera muy diferente a todos los otros líquidos en más de 70 propiedades como el punto de fusión, la densidad, la capacidad de calor… Precisamente, esas anomalías son un requisito para la vida tal como la conocemos.



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No eres un individuo, eres una multitud

Un libro expone el gigantesco poder de los millones de microorganismos que forman parte de nosotros.

Si resumiéramos la historia del planeta en un año, los humanos aparecimos pocos minutos antes de la medianoche del 31 de diciembre. Pero la vida apareció en marzo. Y lo hizo en forma de seres de una sola célula, que regentaron en solitario la Tierra hasta octubre, momento en el que comenzaron a aparecer seres pluricelulares. Los microbios están en todas partes y existen en números astronómicos: “Hay más bacterias en tus tripas que estrellas en nuestra galaxia”, resume el periodista científico Ed Yong en las primeras páginas de su libro Contengo multitudes (I contain multitudes, HarperCollins). Y añade: “Los últimos cálculos sugieren que tenemos alrededor de 30 billones de células humanas y 39 billones de células de microbios, prácticamente un empate. Aunque los números sean inexactos, no importa: desde cualquier punto de vista, contenemos multitudes”.

Un antibiótico de último recurso está perdiendo efectividad en todo el mundo

El uso de antibióticos en la cría industrial de animales conduce a que la resistencia a los antibióticos por parte de los patógenos que afectan a los seres humanos no deje de crecer. El caso de la colistina lo pone bien de manifiesto.


Un gen que confiere a los patógenos que lo poseen resistencia al antibiótico de último recurso colistina se está extendiendo a gran velocidad por todo el planeta, como se ha puesto de manifiesto en la reunión que la Sociedad Americana de Microbiología (ASM) ha celebrado este mes y de la que ha informado la revista Nature. Ese gen tiene el nombre de mcr-1. Hace solo año y medio se descubrió que lo poseían bacterias encontradas en muestras de cerdos de granjas chinas.

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El origen de la fotosíntesis y la respiración aeróbica

Hace unos 2600 millones de años, las cianobacterias adquirieron la capacidad de producir oxígeno a través de la fotosíntesis al incorporar genes de otros organismos.

La aparición del oxígeno en la atmósfera terrestre, hace 2300 millones de años se debió a las cianobacterias (antiguamente conocidas como algas verdeazuladas), lo que alteró profundamente el curso de la evolución al facilitar el desarrollo de la respiración aeróbica y la vida multicelular compleja. Había otros organismos con la capacidad de fotosintetizar, es decir, de producir materia orgánica mediante el uso de la luz solar, pero solo las cianobacterias poseían la maquinaria específica que permitía generar oxígeno, lo que se conoce como fotosíntesis oxigénica.

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Diseñado un virus artificial capaz de estimular al sistema inmune para combatir el cáncer

La inclusión de proteínas exclusivas de los tumores en un virus facilita al sistema inmunitario la identificación y consecuente destrucción de las células cancerígenas.


El cáncer, lejos de ser una única patología, es un conjunto de enfermedades muy dispares y caracterizadas, entre otros rasgos comunes, por un crecimiento desmesurado y totalmente incontrolado de células malignas y por una capacidad para esconderse de las defensas del organismo. Y es que el cáncer, contrariamente a como hacen los invasores ‘externos’ –como los virus y las bacterias– desactiva al sistema inmune para que no ‘interfiera’ en su crecimiento. Tal es así que las inmunoterapias, esto es, los tratamientos farmacológicos para potenciar la actividad de las células inmunes, constituyen una de las alternativas más prometedoras para combatir los tumores. El problema es que, al momento, no funcionan demasiado bien. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues utilizar un agente que porte proteínas del cáncer y que, al desencadenar la respuesta inmunitaria, muestre al organismo cómo son estas células tumorales. Sería el caso, por ejemplo, de un virus. Y según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Basilea (Suiza), se trata de una alternativa que funciona bastante bien.

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Reconstruyen una proteína «fósil» que protege a las bacterias actuales de los virus

Tras introducir versiones ancestrales de la proteína tiorredoxina en E. coli mediante ingeniería genética, comprueban que protege a la bacteria frente infecciones del bacteriófago T7.


Así concluye un estudio realizado por investigadores de la Universidad de Granada y publicado en la revista Cell Reports. El avance podría aplicarse en el campo de la bioingeniería de plantas para modificar genéticamente especies y hacerlas resistentes a determinados virus que causan pérdidas devastadoras en las cosechas. La mejora sería de gran utilidad sobre todo en países en los que la subsistencia depende de un cultivo concreto, como el arroz, el trigo, la yuca o el plátano, y en los que una infección vírica puede tener consecuencias desastrosas para la población.

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